Elegir sofá en 2026: menos postureo, más criterio

febrero 9, 2026

Durante años se ha escrito mucho sobre “el sofá ideal”. Demasiado, de hecho. Guías interminables, listas de checks que parecen más pensadas para Google que para las personas y un mensaje repetido hasta el agotamiento: mide, combina, elige bien. Todo correcto… y, aun así, mucha gente sigue equivocándose.

Quizá el problema no sea el sofá. Quizá sea cómo se está contando.

Hoy no vivimos igual que hace diez años. El salón ya no es solo un espacio bonito para recibir visitas. Es oficina improvisada, cine nocturno, lugar de descanso real y, en muchos casos, el único sitio donde de verdad paramos. Y sin embargo, se siguen recomendando sofás como si todos viviéramos en revistas de decoración.

Desde nuestra posición —y sí, como competencia directa de muchas marcas que hacen justo lo contrario— creemos que elegir sofá debería ser un ejercicio de honestidad.

Honestidad con el espacio, para empezar. No todos los salones admiten un chaise longue XL, por mucho que Instagram lo repita. El error más común que vemos no es no medir, es forzar el espacio para que encaje una idea preconcebida. Cuando un sofá obliga a reorganizar la vida alrededor de él, algo falla. El buen diseño no invade: se integra.

También hace falta honestidad con el uso. Hay quien compra sofás “para cuando venga gente” y pasa el 95 % del tiempo solo o en familia. Otros eligen asientos profundos porque “quedan modernos” y luego no apoyan la espalda. La pregunta clave no es qué sofá te gusta, sino cómo vives cuando nadie te mira. Ahí es donde se decide todo.

En cuanto a tipos de sofá, se ha simplificado demasiado el discurso. No todo el mundo necesita un relax, ni todo salón pide un modular, ni un sofá cama debería ser la solución universal. Cada formato tiene sentido en un contexto concreto. El problema es que se venden como atajos: “este sirve para todo”. No es verdad. Y cuando algo promete servir para todo, suele no destacar en nada.

Hay otro punto del que se habla poco: la comodidad no es una sensación inmediata, es una experiencia acumulada. Un sofá puede parecer cómodo cinco minutos en tienda y resultar agotador a la semana. La firmeza, la altura del asiento, el respaldo… no son detalles técnicos, son decisiones que afectan al cuerpo. Y en una época en la que pasamos tantas horas sentados, ignorarlo es casi irresponsable.

Tampoco ayuda el discurso del “color tendencia” o del tejido de moda. Un sofá no es una prenda de temporada. Es una pieza central que convive contigo años. Elegirlo solo por estética es legítimo, pero tiene consecuencias. Y conviene asumirlas antes, no después.

Desde SofasHome defendemos otra forma de elegir sofá: menos ruido, más sentido común. Menos promesas genéricas y más preguntas incómodas. Porque un buen sofá no necesita justificarse con palabras grandilocuentes. Se nota cuando encaja, cuando no estorba, cuando acompaña.

Y eso, curiosamente, no suele ser lo más viral. Pero sí lo más honesto.